HISTORIA NUESTRA TRADICION

“Con motivo de las Bodas de Plata, y debido a que la mayor parte de los socios de nuestra Institución, gente que práctica la equitación en las instalaciones del Club, no conoce los antecedentes y dificultades que rodearon su fundación, El Comité Directivo ha estimado conveniente que un relato de estos hechos ya lejanos pueden interesar a todos los socio, a la vez  que sirva de incentivo a la renovación constante de la identificación  para con el  club y en la lucha por el mismo no cese un solo instante. Con ese fin, se me ha solicitado unas líneas al recuerdo y a la historia del Club. Agradezco el pedido y cumplo.

Las gestiones para crear el Club Ecuestre Huachipa se inician a mediados del año 1962. Hasta esa fecha, todos los aficionados a los deportes ecuestres pertenecían a una sola asociación, el Club Hípico Peruano, y practicaban y competían en el local, ubicado en la Avenida Salaverry de propiedad del Círculo Militar. Su proximidad al centro de la ciudad lo hacían ideal e insustituible.

En el año 1962, los socios militares comunicaron a los socios civiles el propósito del Ejército de construir en ese local la sede social del Círculo Militar y solicitaron su desocupación, haciendo presente que como no deseaban poner fin a la práctica de los deportes hípicos, estaban dispuestos a esperar un lapso razonable para trasladar el Club a otra ubicación.

Surgen entonces conversaciones entre un grupo de altos jefes del Ejército con varios socios civiles del Club Hípico Peruano para buscar una solución a este problema.

Principia entonces, la búsqueda de un lugar adecuado, apartado del centro urbano, pero de fácil acceso y que tuviera clima y terrenos favorables para la práctica de la equitación en campo abierto.

Varias gestiones infructuosas se hicieron con diversos propietarios de predios rústicos de los alrededores de la ciudad de Lima. Finalmente, Lotizadora La Capitana S. A. ofreció al grupo de civiles  que buscaban una solución al problema latente un lote del fundo Huachipa. Obviamente, era motivo principal de esa oferta promocionar su Urbanización semi -rústica. El terreno ofrecido en su mayor parte, estaba cruzado por el “Huaico de Jicamarca” que, al ensancharse, como consecuencia de desbordes, había creado una amplia hondonada que tenía la apariencia de un hermoso bosque, con un paisaje ajeno al árido de nuestra costa y susceptible de aprovechamientos hípicos sumamente interesantes. No lejos de ese lugar se encuentran las ruinas de Cajamarquilla que se prolongan en una quebrada seca de muchos kilómetros de longitud y con magníficos senderos para recorridos de exterior.

Un dato interesante para la historia del Club. Cuando entramos en posesión del terreno, el picadero de concursos nocturnos Jockey Club del Perú y el bosque tenían un nivel aproximadamente dos metros más bajo que el actual. El bosque, en su mayor parte era un pantano. Esto hizo necesario construir una red de sangraderas, (canales de drenaje) que desecaron el terreno por donde pasaban los senderos y el picadero del “Jockey Club del Perú”.

Bastaba cortar por unas horas el drenaje de las sangraderas para humedecer los senderos y el picadero y así evitar el polvo que levantaban los caballos a su paso por esos sitios.
Periódicamente, bajaban fuertes huaicos, aluviones de lodo, por el cauce del Jicamarca, que constituye uno de los linderos del Club. Estos huaicos modificaban en forma drástica este importante lindero, dejándonos a veces grandes extensiones que sirvieron para construir nuevos picaderos y senderos, o llevándose estos nuevos terrenos y otros que no formaban parte del cauce. En el mes de febrero de 1967 bajó el huaico más fuerte desde la fundación del club. Hasta esa época había en el cauce una estrecha garganta a la altura de las últimas caballerizas, donde existía un puente de cemento. En este punto, árboles y grandes piedras cerraron el paso del lodo, produciéndose entonces un embalse que levantó el nivel del bosque y del picadero Jockey Club del Perú, casi cerca de dos metros, con lodo. Al secarse este material los niveles de esas zonas quedaron un metro cincuenta más altos y toda la red de drenaje perdió su objeto. Desde entonces ha sido preciso regar el bosque y el picadero. Aún puede verse en la gran sangradera que desagua las filtraciones al huaico, el antiguo nivel de los puentes que la cruzaban para permitir los senderos.

Las grandes áreas disponibles que dejó ese huaico y sobre las que se hicieron senderos, bosques y picaderos fueron poco a poco recuperadas por la naturaleza. Sucesivos huaicos han reclamado esas zonas al cauce, que hoy nuevamente constituye una amenaza para el terreno y construcciones del club. Se estudia un trazo en línea recta para evitar nuevos daños.

El local ofrecido presentaba pues, evidentes ventajas y oportunidades para la construcción del nuevo Club. La única condición que ponía la entidad para una venta en condiciones muy ventajosas era que el nombre del Club incluyese la palabra “Huachipa”, para así lograr el propósito anunciado de promover su lotización.

En aquella época era usual financiar la construcción de locales deportivos mediante la constitución de sociedades inmobiliarias paralelas, que vendían sus acciones a quienes deseaban ingresar al club deportivo y con esos fondos se financiaba la adquisición de los terrenos y la construcción de las instalaciones deportivas y sociales.

Las negociaciones del grupo de socios encargado de tratar con los directivos de Lotizadora La Capitana S.A. tuvieron resultados muy satisfactorios, muy especialmente gracias al apoyo decidido de uno de sus accionistas, el señor Manuel Fumagalli Pérsico, promotor de todas las donaciones que tuvieron lugar y a quien debe atribuirse en forma muy importante la existencia de nuestro Club.

La Lotizadora ofreció permutar los terrenos necesarios a cambio de un número de acciones de la Inmobiliaria Club Ecuestre Huachipa, las mismas que luego vendería para el ingreso de socios, después que el Club colocase las restantes entre los socios fundadores y así financiar sus obras. La oferta no podía ser más tentadora.

Se conversó entonces con los altos jefes militares con quienes se había tratado sobre el traslado del Club Hípico Peruano y la entrega subsiguiente del local de la Avenida Salaverry, quienes aceptaron la idea ofreciendo su apoyo, que se realizaría de tres formas: En primer lugar, esperarían que terminase la construcción del nuevo local y de sus instalaciones deportivas; en segundo término, para ayudar al nuevo Club, se le entregaría todo el activo y pasivo del actual Club Hípico Peruano; (nadie dudaba que todos los socios del Club Hípico Peruano ingresarían al Club Ecuestre Huachipa. Por lo menos, así lo habían manifestado) y ,finalmente, promoverían la afiliación de todos los socios militares del Club Hípico Peruano al nuevo club, que en cambio establecería un régimen preferente de ingreso para los socios militares.

Sobre la base de estos acuerdos preliminares se constituyó el 30 de octubre de 1962 el Club Ecuestre Huachipa, cuyos estatutos se elevaron a escritura pública el 23 de noviembre de 1962 ante el notario doctor Abraham Velarde Álvarez. Dos meses más tarde, el 28 de diciembre de 1962, ante el propio notario se constituyó la Inmobiliaria Club Ecuestre Huachipa. El capital actual de esta sociedad de S/4’000,000.000  dividido en 400 acciones por un valor nominal de S/1,000 cada uno. Conforme a lo acordado, doscientas acciones se vendieron entre los nuevos socios del Club y las restantes fueron entregadas a la Lotizadora La Capitana S.A. en pago de los terrenos. Es de advertir que las acciones fueron de dos series: la Serie A, que solo daba derecho a ser socio del Club, y la Serie B que además permitía la adquisición de un terreno de una Lotización Tipo Club, que se habilitó con frente a la “Quinta Avenida”, como medio adicional de financiación para las obras de construcción del Club, y pensando que los bungalows que se construyeran podrían facilitar la organización de concursos internacionales, permitiendo el alojamiento de los participantes extranjeros. Posiblemente un caso único en el mundo.

Se formó entonces un Comité Organizador integrado por la señora Isabel Arias Sanders, la  señorita Jacqueline Martinto, los entonces Coronel Germán Navarro Steiert, Mayor Eduardo Venegas y el Capitán Augusto Dávila, el doctor Hernán Guerinoni, los señores Guillermo Beingolea, Edgardo Gereda, Kenneth Williams, Luis Massa , Juan Succar y el autor de estas líneas. Este comité  estudió el terreno y delineó un plano preliminar de distribución y ubicación del local social, picaderos, caballerizas, etc. Estas ideas iniciales fueron sometidas al arquitecto Enrique Oyague Mariátegui y al señor Doum Tweedy. El primero, como arquitecto e ingeniero constructor, preparó los primeros planos para el local social, la piscina y las caballerizas. Los planos arquitectónicos finales del local social fueron trabajados conjuntamente por el arquitecto Oyague y el señor Tweedy. Se adoptó como estilo básico el colonial serrano y gracias a las conexiones del señor Tweedy con vendedores de antigüedades se logró que todas las puertas fuesen coloniales antiguas y que la pequeña “loggia” de la entrada se construyese con columnas y techo del Seminario Santo Toribio y el piso del antiguo Panóptico de Lima, cuyos edificios acababan de ser demolidos. La superficie de las vigas del Hall Principal pertenecieron al antiguo Colegio del Sagrado Corazón de San Pedro. Muchas otras reliquias de este tipo existen en el local.

Formaba parte también de nuestro ambicioso proyecto que el caballo de paso y el polo se instalasen con nosotros y conseguimos ofertas muy favorables para ello en la entidad propietaria. Si así hubiese sucedido, toda la zona de Huachipa hubiera estado dedicada al caballo. Por desgracia, prejuicios e incomprensiones impidieron que este proyecto se materializara. Muchas de las personas con quienes estudiamos el proyecto después reconocieron su error. El terrero y el clima y otros factores lo justificaban. A la luz de los hechos, hoy e fácil apreciar las ventajas que esta fórmula hubiese tenido para todos.

Las obras marcharon aceleradamente y, como sucede siempre tratándose de construcciones, el costo total final incluyendo el mobiliario superó los presupuestos, sobretodo porque los lotes de terreno no se vendían y los socios no ingresaban con la rapidez esperada. Este último contratiempo se debió fundamentalmente a que un grupo de socios, olvidando el compromiso asumido originalmente, no ingresaron al Club y trasladaron el Club Hípico a otro lugar en el Fundo Villa, frente a la Playa de Conchán, y mantuvieron vigente esa institución. Aunque el comité organizador pudo haber pedido a los jefes militares el cumplimiento de lo acordado y la entrega de todos los bienes del Club Hípico que se disolvería se prefirió no hacerlo.

Para terminar las obras, Lotizadora La Capitana generosamente y deseosa de promover su lotización facilitó al club la suma que precisaba. Con este fin le hizo préstamo, sin intereses, que finalmente fue donado al club en el año 1977.

La mayor parte del mobiliario y de los cuadros que adornan el local, fueron donados por algunos socios. Se buscó entonces un profesional extranjero calificado que permitiese renovar nuestra conexión con la hípica internacional, descontinuadas de hacía muchos años, lográndose la contratación del Profesor-Ecuyer Pierre Chambry. Como se sabe, en Francia y en general en Europa, la enseñanza de la equitación está sujeta a exámenes severos que dan lugar a diversos títulos entre los cuales el más alto es el de Ecuyer-Profesor. Pierre Chambry era uno de los cuatro Ecuyer-Profesor que existían en ese momento en Francia y además era un renombrado autor de obras sobre equitación, dibujante y escultor de caballos.

Con el auxilio de Pierre Chambry se planearon los senderos del bosque, se construyeron obstáculos modernos y se preparó el Club para su inauguración, la misma que tuvo lugar en 1964. Desde ese año y hasta el año 1977 se publicaba anualmente un calendario hípico en la cual se consignaban las fechas de los concursos oficiales e internos así como los donantes de los premios. Otra parte del calendario estaba destinada a la enseñanza de la equitación y a la divulgación de las reglas sobre salto de obstáculos, adiestramiento y conducción de coches. Todos estos estos artículos eran ilustrados por el Profesor Pierre Chambry, quien además dibujaba los textos de los anuncios que los socios conseguían para financiar la publicación del Calendario. Sin exageración, todos esos calendarios fueron una obra de arte y constituyen hoy una valiosa contribución a la teoría de las actividades hípicas en el Perú.

La inauguración del club Ecuestre Huachipa tuvo lugar el 5 de julio de 1964 y fue una gran fiesta en la que se sucedieron un concurso de salto, un carroussel de adiestramiento en la que participaron cerca de treinta jinetes, todos con frac y sombrero de copa, una exhibición de alta escuela y un desfile de coches. Luego se sirvió un almuerzo al que asistieron más de 500 personas. La novedad de los recorridos de salto preparados por el Profesor Chambry fueron comentados como un gran progreso en nuestra equitación y la fiesta inaugural como uno de los principales eventos sociales y deportivos del año. Su difusión por los diarios y estaciones de televisión fue amplia. Pronto el club completó la construcción de veinte caballerizas de diez boxes cada una. Prácticamente todas ocupadas. Vale decir, sus socios contaban con 200 caballos. El nivel internacional de la equitación nacional se había elevado y modernizado. Los demás clubes civiles y militares debieron seguir el ejemplo.

La marcha del Club inició un ritmo ascendente que se vio interferido por la Revolución Militar de 1968. Muchos socios civiles se apartaron y los socios militares dejaron de asistir. La crisis social y económica detuvo el desarrollo del Club y el ingreso de nuevos socios se hizo menos frecuente.

Se dice que la práctica de la equitación desarrolla el carácter y fortalece la voluntad. Se sigue de aquí que todos los equitadores tienen una fuerte personalidad. Esto determina que el Club Ecuestre sea prácticamente ingobernable. Cada socio tiene opinión propia sobre cada asunto, por importante o mínimo que sea. Dirigir una asociación ecuestre es una filigrana de tino y paciencia, un encaje.

Si los saltos son buenos o no, si la aplicación de los picaderos es equitativa; si los honorarios por clases son justos, si el restaurant funcional bien o mal y si es caro o barato; si los socios cumplen los reglamentos de las caballerizas; si los servidores del club son cumplidos y eficientes, etc.  Lo mismo sucede con los profesores de equitación.

Como los artistas de cine, por buenos que sean, también terminan por crear resistencias y pugnas entre los socios y requiere cambio. Así llego un momento en que con mucho pesar de quien escribe estas líneas el Profesor-Ecuyer Pierre Chambry se retiró del Club. Le suceden los Profesores Carlos Villanueva (argentino), Frank Maevis (alemán). Ernesto Molinuevo (argentino) Pascal Jammet (francés) y Juan Manuel Lander Gonzales (venezolano).  En la actualidad nuestros consocios las Sras. Yolanda Ferrero de Prado, Pilar Cepeda y el Coronel (r) Eduardo Venegas, enseñan salto y adiestramiento, respectivamente. Todos estos profesores han hecho escuela. Grandes jinetes defensores de los colores del club han representado a nuestro país en competencias en el extranjero, entre ellos Bernardo Alvarez Calderón, Marian Cunningham (única amazona peruana que ha intervenido en una olimpiada), Helena Pardo de Gereda, Edgardo Gereda , César del Río, Pina Miró Quesada de Wiese, Carmen Gastañeta de Rivadeneira y grandes jinetes militares se hicieron socios fundadores del Club entre ellos el General Roberto Zapata y los Coroneles César Canales, Augusto Dávila y Eduardo Venegas.De modo especial merecen nuestro cariñoso recuerdo a Cucha Galindo, fallecida trágicamente en el local del Club cuando entrenaba para un concurso Internacional de Salto y el Capitán Alfonso Loureiro muerto también en un accidente cuando se dirigía al Club. Entre nuestros buenos jinetes del momento cabe mencionar a Maria Teresa Guzzinati, Juan José Mostajo, Maria Paz de la Piedra, Natalia Ugarte, actualmente en Chile y mucho otros cuyos nombres me escapan a la memoria.

Debo referirme, en forma particular, pese a mi relación de parentesco a una de nuestras más pequeñas y más eficientes amazonas de todos los tiempos: Ana María Gereda Pardo, quien concursa desde los cinco años y ha ganado innumerables concursos, Una verdadera esperanza para la equitación nacional.

El Autor de este artículo, tuvo el honor de dirigir el primer Comité. Lo han sucedido en la presidencia los señores Andrés Aramburu Irigoyen, Fernando Barco Saravia, César del Río Málaga, Isabel Arias Sanders, Manuel Ugarte Almonte, Eduardo Montes Vize y José Aranda, actual Presidente: Todos ellos y las Juntas que los acompañaron procuraron el progreso del Club, el mantenimiento de sus altos estándares y la conservación de sus instalaciones.

Figuras mundiales de la equitación han visitado el club Ecuestre Huachipa. Entre ellas, podemos citar al Profesor Nuno Oliveira, gran maestro de adiestramiento y considerado por la crítica mundial como el jinete más distinguido de este siglo. Los señores Pierre Jonqueres D’oriola, campeón olímpico y mundial en la especialidad de salto, Hans Gunter Winkler, José Maurer, el profesor Edward Campion, el coronel Rafael Monti y muchos otros.

Finalmente, nuestro Club ha sido escenario de varios concursos latinoamericanos de salto para adultos y menores; de concursos bolivarianos, concursos de la Federación Ecuestre Internacional, tanto de salto como de adiestramiento, así como del concurso internacional de adiestramiento “Haig”.

Creo haber hecho una ajustada síntesis de la historia de nuestro Club y al terminar sólo me resta hacer votos por su futuro y progreso tanto en el país como en el concierto sudamericano”

 

 

 

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